Sé que leerás esto antes o después; conociéndote, probablemente más pronto que tarde. Y tú sabes, en cambio, que me encanta ir de víctima y tratar de engatusar a todos. De intentar contentarlos y de ir de dominador.
Pero eso no me impide pedirte perdón. No me dejaste hacerlo cuando tuvimos la oportunidad, y confiaba en que el tiempo y la distancia, al menos, sí me brindarían esa opción. Bueno, te lo dije una vez, entre copa y copa, pero no con calma.
Hace unas pocas horas has vuelto a rechazarme, a mostrarte indiferente, incluso a despreciarme. Estás segura de que ya no soy nadie en tu vida, de que soy un cero a la izquierda para ti, mientras que yo adoro revolver en el pasado y exagerar las cosas. Supongo que tienes razón. Claro que en el fondo no me odias tanto como dices ni como crees, porque un día nos gustamos y porque aquello siempre permanecerá en nuestros corazones.
Cuando te descubrí me sorprendió, como ahora, esa capacidad tuya para combinar la brusquedad exterior con la ternura interior, una aparente dureza con una capacidad discursiva increíble. Éramos polos opuestos, como tú misma decías, y realmente no combinábamos. Es cierto: era imposible que lo nuestro fuera a funcionar a largo plazo. Y, sin embargo, al mismo tiempo aprendíamos mutuamente. Me atrevería a decir que nos admirábamos el uno al otro, seguramente yo más a ti.
Sólo espero, espero, que algún día me permitas mirarte a los ojos y decirte cuánto lo siento. Sin dramatismos, sin grandes gestos y sin falsedades. Porque aunque ahora tú estás haciendo tu vida, y yo la mía, y aunque tú has pasado página y tal vez seamos más felices así, separados, te juro por Dios que todavía te guardo un afecto sincero, profundamente agradecido por lo mucho que hiciste por mí. Te mereces una explicación que nunca te ofrecí. No me porté bien contigo. Fui injusto, cruel, un capullo. Tú pagaste las consecuencias. Y lo siento, lo siento de verdad.
Hasta entonces, cuídate y sé muy feliz. No volveré a introducirme en tu vida jamás, si tú no quieres.
Aquí te va esta canción, en memoria del primer regalo que te ofrecí.
"There is a silence where
hath been no sound.
There is a silence where
no sound may be in the cold grave.
In the cold grave,
under the deep deep sea".
(Thomas Wood, The Piano)
No hay comentarios:
Publicar un comentario