lunes, 31 de octubre de 2011

Para ti

Sé que leerás esto antes o después; conociéndote, probablemente más pronto que tarde. Y tú sabes, en cambio, que me encanta ir de víctima y tratar de engatusar a todos. De intentar contentarlos y de ir de dominador.

Pero eso no me impide pedirte perdón. No me dejaste hacerlo cuando tuvimos la oportunidad, y confiaba en que el tiempo y la distancia, al menos, sí me brindarían esa opción. Bueno, te lo dije una vez, entre copa y copa, pero no con calma.

Hace unas pocas horas has vuelto a rechazarme, a mostrarte indiferente, incluso a despreciarme. Estás segura de que ya no soy nadie en tu vida, de que soy un cero a la izquierda para ti, mientras que yo adoro revolver en el pasado y exagerar las cosas. Supongo que tienes razón. Claro que en el fondo no me odias tanto como dices ni como crees, porque un día nos gustamos y porque aquello siempre permanecerá en nuestros corazones.

Cuando te descubrí me sorprendió, como ahora, esa capacidad tuya para combinar la brusquedad exterior con la ternura interior, una aparente dureza con una capacidad discursiva increíble. Éramos polos opuestos, como tú misma decías, y realmente no combinábamos. Es cierto: era imposible que lo nuestro fuera a funcionar a largo plazo. Y, sin embargo, al mismo tiempo aprendíamos mutuamente. Me atrevería a decir que nos admirábamos el uno al otro, seguramente yo más a ti.

Sólo espero, espero, que algún día me permitas mirarte a los ojos y decirte cuánto lo siento. Sin dramatismos, sin grandes gestos y sin falsedades. Porque aunque ahora tú estás haciendo tu vida, y yo la mía, y aunque tú has pasado página y tal vez seamos más felices así, separados, te juro por Dios que todavía te guardo un afecto sincero, profundamente agradecido por lo mucho que hiciste por mí. Te mereces una explicación que nunca te ofrecí. No me porté bien contigo. Fui injusto, cruel, un capullo. Tú pagaste las consecuencias. Y lo siento, lo siento de verdad.

Hasta entonces, cuídate y sé muy feliz. No volveré a introducirme en tu vida jamás, si tú no quieres.

Aquí te va esta canción, en memoria del primer regalo que te ofrecí.


"There is a silence where
hath been no sound.
There is a silence where
no sound may be in the cold grave.
In the cold grave,
under the deep deep sea".
(Thomas Wood, The Piano)

A trailer

An example of a new really amazing trailer.


lunes, 24 de octubre de 2011

Velada con los amish

Como un sueño. Aquella cena con los amish, hace apenas cinco días, tuvo poco de realista y mucho de aleccionador. Fue en la escondida casa de una gran familia amish, a unos treinta kilómetros de State College, Pennsylvania.

Los hay de varios tipos: amish que no viajan y pasan toda su vida en el campo, amish que no usan la electricidad y amish que prescinden de cualquier color diferente al negro o al blanco. Wikipedia señala un rasgo común con el que creo estar de acuerdo: tienen un estilo de vida sencillo, visten al modo tradicional y se resisten a aceptar las comodidades modernas.

Créanme: los amish viven en otro planeta. Aislados del mundo y, a su manera, felices. Joder, por no tener, la familia con la que cenamos no tenía ni luz en el baño. Nunca había orinado a la luz de una vela.

Durante el espectacular banquete que la madre y la hija nos sirvieron a los 14 comensales, tan casero y sabroso, no dejé de pensar en la famosa película Witness (1985, Peter Weir) y en el amorío de John (Harrison Ford) con Rachel (Kelly McGillis). Ahora me parece entenderte mejor, Harry.

domingo, 9 de octubre de 2011

On my way back home


Every step, a victory it was
I was cheating death, just in time I woke 
My memories start to wander off
Come to me, the remembrance of
On my way back home.

I came in this way and here now I will stay
if the unknown have to wait one more day
There's often times that it comes out wrong
But luckily I, I got a mind to know
On my way back home.



domingo, 2 de octubre de 2011

Nada

Así es como se siente uno a veces: como la Nada. Apático y dejado de la mano de Dios. Como si acabáramos de culminar la lectura de la obra de Laforet.
Pero entonces algo viene a sacarnos de esa postración. A unos, el amor; a otros, el trabajo; a unos cuantos, la cama; a varios, otra lectura... pero a todos, algo. Porque la Nada no es el fin.